EMG 10.09.26
Dedicamos el comentario de hoy a la última y definitiva partida de la final del “Campeonato del Mundo de Esports” en su modalidad de ajedrez, esa competición del siglo XXI que todavía nos resulta algo extraña a quienes comenzamos a aficionarnos a este noble arte a mediados de los años setenta, cuando el planeta estaba todavía inmerso en la Guerra Fría. Una época que pivotó, en lo que al mundo de los escaques se refiere, entre la extraña negativa de ese genio que fue Bobby Fisher a defender su título de campeón, justamente ganado frente a Boris Spassky en Reikiavik en 1972, y el sospechoso tufo de fraude que rodeó al “match” celebrado en en 1978 Baguio City entre Anatoly Karpov y Victor Korchnoi.
Es cierto que cada época tiene sus particularidades, como también lo es que el desarrollo de la informática, de las comunicaciones y de la ciencia de datos en el presente siglo ha hecho que el ajedrez tal y como lo conocimos, con amplios tiempos para desarrollar las partidas y reducido generalmente al estudio de las aperturas y al análisis retrospectivo de líneas de juego, quizá no sea en la actualidad lo suficientemente retador para unos jugadores entrenados con la ayuda de máquinas que son capaces de profundizar en el análisis de líneas de juego y calcular resultados a niveles hasta hace poco desconocidos y, por ello mismo, tendentes a terminar en tablas en la mayoría de partidas.
El ajedrez con tiempos de juego reducidos se ha venido practicando desde antiguo, al igual que las partidas simultáneas, que para el jugador retado funcionan como partidas rápidas. También la modalidad “blitz” fue incorporada hace más de un siglo en algunos clubes de ajedrez. Sin embargo, será con la llegada a mediados de los años noventa de los potentes servidores y la expansión de internet cuando el ajedrez “bullet” (menos de 3 minutos por jugador) comience a practicarse con asiduidad. El número de partidas que hoy se juegan diariamente a través de internet es exorbitante, la mayoría de ellas en las modalidades citadas, lo que determina que al ajedrez haya llegado un público nuevo, que desea ver a los grandes jugadores tomar decisiones en un breve espacio de tiempo, ya sea atacando, defendiendo o adoptando jugadas dilatorias con el fin de poder contar con unos segundos más para analizar la posición.
Y parece que ha llegado para quedarse. Así lo atestigua el gran número de personas que se conectaron vía internet entre el 11 y el 15 de agosto pasados para seguir el Campeonato del Mundo de Esports, celebrado en el recinto Paris Expo Porte de Versailles, cuya partida final nos permitió admirar el brillante ajedrez desplegado por el vigente campeón y ex-campeón del mundo FIDE, Magnus Carlsen. Su contrincante, el GM bielorruso Denis Lazavik, de tan sólo 19 años, que había llegado a la final tras vencer en semis al GM Hikaru Nakamura, tenía obligatoriamente que vencer con negras si quería tener oportunidad de llegar al “Armageddon” de desempate. La raza del campeón noruego se puso de manifiesto cuando, lejos de conformarse con llegar a unas tablas que le convertían automáticamente en vencedor del torneo por segundo año consecutivo, llevó a cabo un arriesgado ataque contra la Defensa Caro-Kann planteada por el joven GM bielorruso. Un ataque que llevaba implícito un sacrificio, y no menor: el de su dama, a cambio de un caballo y un alfil. A pesar de la aparente desventaja, la mayoría de piezas negras quedó en situación poco activa, circunstancia que, unida el juego impecable de Carlsen (la jugada 24. b4! es fabulosa y confirma la claridad de ideas del noruego) terminó por generar una clara superioridad en la columna “e” que le permitiría coronar un peón, momento en el que Lazavik decidió abandonar, pues la partida estaba irremisiblemente perdida.
Esta claro que las partidas rápidas presentan un gran interés, llevando al límite la capacidad de análisis de los jugadores y poniendo a prueba sus nervios. Sin embargo, el ajedrez jugado al ritmo tradicional invita al sosiego y a la reflexión, algo de lo que nuestra sociedad actual está ciertamente muy necesitada. Al mismo tiempo, éste permite a quien está aprendiendo hacer crecer con naturalidad su bagaje de herramientas ajedrecísticas, sin que la presión del reloj esté presente desde el principio. Finalmente, el ajedrez clásico es el marco perfecto para que los Grandes Maestros demuestren todo su potencial, evitando que las limitaciones de tiempo les exijan emprender forzosamente caminos arriesgados.
Eventos ajedrecísticos de primer nivel como la Sinquefield Cup combinan ambas modalidades, constituyendo un buen ejemplo de cómo hacer que un torneo resulte, a un tiempo, justo para el jugador e interesante para el espectador. Los participantes juegan todos contra todos, con un solo encuentro. Disponen de 90 minutos para llevar a cabo los primeros 40 movimientos y, a partir del 41, el tiempo restante es de 30 minutos incrementados en 30 segundos por cada jugada. En caso de empate, se juegan dos partidas rápidas de 10 minutos con incremento de 5 segundos, una con cada color. Si el empate persiste la victoria se decide en un “Armageddon”. Primero se realiza un sorteo para elegir un jugador, que puede optar por jugar con blancas o negras. Mientras que el negro dispone sólo de 4 minutos el blanco tiene 5, con un incremento para ambos de 2 segundos a partir de la jugada 61. Sin embargo las blancas están obligadas a ganar la partida, ya que en caso de terminar en tablas, el jugador de negras es proclamado vencedor.
¿Qué modalidad es mejor? ¿Constituyen el ajedrez clásico y el de partidas rápidas dos juegos diferentes? No sabría responder a esas preguntas, pero si creo estar en condiciones de afirmar que el ajedrez, que tiene mucho de oficio y casi todo de arte, es ejemplo perfecto del combate que se entabla entre dos inteligencias y, al mismo tiempo, representación viva de la lucha del hombre contra sí mismo, una expresión metafórica de la voluntad permanente del ser humano por ahondar en su pensamiento y dominar sus emociones que lleva con nosotros cientos de años y que sin duda está llamado a perdurar sea cual sea la forma que pueda llegar a adoptar en el futuro.
Grand Final Chess at EWC Carlsen vs Lazavik
(Ver a partir de 2:16:34)
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